sábado, 12 de agosto de 2017

LA CARNE ASADA

Carlos y Domy con Ferrero y Lulú-Paty-Lú

Aquí en mi casa son muy contadas las veces que hacemos carne asada, sobre todo por los horarios que teníamos de trabajo, y ahora que Carlos pidió una semana de vacaciones (entre comillas porque como quiera se levanta temprano para dar clases) yo andaba de antojada y le insistí hacer una sólo para Domy, él y yo.

Mientras mi Chispagel puso el carbón que no se tardó ni 5 minutos porque aquí el aire corre a kilómetros por segundo, y fuí a la cocina por las cosas, recodé como hace mucho no recordaba, las carnes asadas en mi infancia, lo cuál lo resumiría a todo un suplicio.

Los recuerdos que tengo son de angustia, miedo y mucho estrés. Las carnes asadas en familia no sé porqué tenían que ser cási perfectas. Teníamos un patio muy largo y grande dónde mi mamá ponía la mesa muy bonita. Cási siempre eran cada domingo de cada año y desde que nos levantábamos ya era muy estresante ya que mi papá nos llevaba a Soriana a comprar las cosas pero siempre nos dividía las tareas. Al llegar nos separábamos y teníamos que ir por las cosas que nos tocaba muy rápido si no nos dejaba. Recuerdo una vez que me tocó ir por el jamón, de sólo ver la fila tan larga ya me sentía derrotada y esa vez al tardarnos nos dejó mi papá a los cuatro y tuvimos que llevar la despensa en camión para terminar regañados al llegar a casa.

También recuerdo que en la caja no nos esperábamos a que el paqueterito te pusiera todo en las bolsas, nosotros teníamos que ponerlo si no te regañaba enfrente de todos. Ahora que lo pienso no entiendo porqué todo tenía que ser tan difícil, y creo que por eso no me gusta ir por la despensa.

Al llegar a casa y tener todo listo seguía el estrés porque álgo no hacíamos bien y siempre terminaba en pleito. Supongo que a lo mejor hubo una que otra carne asada familiar que estuvo divertida pero no sé porqué no la recuerdo.

Las que se me quedaron grabadas fue en una ocasión que mi papá estaba muy tomado y tiró el asador al chapoteadero, otra donde se resbaló y se cortó muy feo la rodilla y empezó a reir y a llorar al mismo tiempo, una donde nos dijo que se iban a divorciar y otra peor donde regañó a mi mamá porque no le quedó bien la salsa de molcajete y como consecuencia fue la primera vez que mi mamá huyó de casa, se fué en silencio sin decir nada, sólo abrió la puerta y se fué y puso en caos a mi papá.

Hoy mientras bajaba las papitas y la cheve (porque mi casa es bien rara, la cocina está arriba y el patio abajo), me alegré al pensar que Domy le tiene todo a Carlos (amor, admiración, cariño, protección, respeto, es su príncipe azul y su héroe) todo menos MIEDO. Ese miedo que yo a pesar de amar muchísimo a mi padre yo si le tenía y mucho.

A veces Domy me pregunta por su abuelo y recuerdo que precisamente estando en Soriana me preguntó álgo sobre él y le dije: -"Ay Domy si supieras como era al hacer la despensa con él" a lo que Domy me respondió: -"Mami, no hables mal de mi abuelito, aunque ya no está él te está escuchando", y eso que no le dije mucho.

Total, la nostalgia si cargó un poco en mi, sobre todo porque me hubiera gustado que la vida hubiera sido fácil para la familia, pero así nos tocó y creo que álgo debo de aprender o apreciar de lo vivido. Extraño muchísimo estar en familia porque sé que esos seis integrantes (mamá, papá, dos hermanas, un hermano, yo y esa mesa en ese patio de esa casa) jamás se volverán a sentar un domingo para hacer una carne asada familiar diferente.

En fin, bajé la carne toda insípida sin ningún condimento. Si supiera mi Chispagel que antes la carne le poníamos un sazón super especial con ajo, aceite y otras especies y que yo sé hacerlo definitivamente sabría deliciosa, pero no; así de simple la llevo al patio y ya cada quién que le ponga sal a su gusto.

La mesa está super equis y las papitas están cási encima del aguacate, no hay mantel bonito ni salsa de molcajete, es más, ni siquiera hay una salsa en la mesa. Veo a Domy haciendo burbujas y jugando con Carlos a la pelota, mientras yo lo único que tengo que lidiar es con Sabina, Ferrero y Lulú-Paty-Lú porque quieren quitarme mi carne.

Volteo al cielo mientras el aire corre super rico y mi cheve está deliciosa y brindo por mi papá con todo mi amor de siempre; claro, con álgo de tristeza y añoranza pero eso sí, con una profunda paz.

las cabeceras (¿asi se llaman?)

las cabeceras (¿asi se llaman?)